Los “vacíos” en el Origen del Universo y las Ciencias

Vacíos en el Origen del Universo y las ciencias

Pablo Coto Millán. Artículo sobre los vacíos que hay en las teorías del Origen del Universo y de las Ciencias

Pablo Coto Millán. Director del Master de Comercio, Transportes y Comunicaciones Internacionales (Master TRANSCOM) de la Universidad de Cantabria.

Resumen

Tanto el origen del universo como el sentido de nuestra vida sigue sin poder ser explicado por nuestro conocimiento actual. La visión optimista sobre nuestros conocimientos actuales y futuros es un acto de fe. Los optimistas tienen fe en que se encontrarán en el futuro explicaciones respecto a los vacíos científicos actuales.

La Naturaleza

Con las ciencias, los humanos conocemos parte de las leyes de la naturaleza. Cuanto más avanzamos en el conocimiento de la naturaleza y más entendemos sus leyes y su evolución, más se nos desvela un orden preciso inherente a todo. Un orden que se manifiesta en la ley de la gravedad y en las leyes de termodinámica que predicen precisos comportamientos bajo unas condiciones determinadas. Existe una armonía y un orden natural entre las partes y el todo. A la naturaleza, en todo su conjunto, la llamamos Universo y denominamos leyes de la naturaleza a fenómenos naturales que pueden predecirse bajo determinadas condiciones.

Desde la antigüedad, los seres humanos han ido conociendo las leyes que rigen la naturaleza con observación y descubrimientos científicos. Al principio, se observó el Sol y la Luna, luego las estrellas fijas y las fugaces, después los planetas observables como Saturno, Júpiter, Marte y Venus. En la antigua Grecia, ya Aristóteles y Eratóstenes, intuyeron que la Tierra era redonda y giraba alrededor del Sol, mientras la Luna lo hacía alrededor de la Tierra. En el Renacimiento, en cambio, existía una idea geocéntrica (antropocéntrica) del Universo y todos suponían que la Tierra era el centro del Universo en torno al cual giraban el Sol, los planetas y las estrellas. Copérnico y Galileo retomaron el olvidado pensamiento griego respecto al comportamiento heliocéntrico de la Tierra y los planetas. Después vendrían Kepler y Newton que enunciaron leyes. Las leyes de Kepler permitirán explicar el movimiento de los planetas alrededor del Sol y la Ley de Newton constituirá la base para el conocimiento de la gravitación universal. Las teorías de la gravedad de Newton y Einstein sugieren la necesidad de un Universo dinámico y no estático.

Hubble en 1920 demostró que nuestro sistema planetario era una pequeñísima parte de nuestra galaxia, la Vía Láctea, y que esta era una de entre miles de millones de galaxias más existentes en el Universo.

El origen del Universo tuvo lugar en un momento hace millones de años (entre 10.000 y 20.000) en que la densidad del Universo se hizo infinita. A esto lo denominamos Big Bang. Una primera gran explosión que origina el Universo. La teoría del Big Bang del comienzo del Universo nos dice que durante los tres primeros segundos, las leyes de la naturaleza actuales no se cumplían, luego debían cumplirse otras leyes. ¿Qué leyes eran esas? Aquí existe un vacío explicativo importante. Al fin y al cabo, las leyes que conocemos y aquellas que no conocemos, gobiernan los destinos del Universo.

La segunda ley de termodinámica nos informa de que existe una tendencia a la entropía en el Universo. De nuevo aquí existe un vacío explicativo importante la entropía puede ser una forma de llamar desorden a un orden cuyas leyes de funcionamiento no conocemos.

Por otra parte, la teoría de la mecánica cuántica trata de rellenar vacíos más importantes todavía respecto a nuestros actuales conocimientos con cálculos probabilísticos respecto a las características de las partículas elementales. Aunque la naturaleza probabilística de la mecánica cuántica surge como consecuencia del acto de medida. Es imposible (hasta el momento) medir simultáneamente, y con precisión absoluta, el valor de la posición y la cantidad de movimiento de una partícula en virtud del conocido principio de incertidumbre o indeterminación de Heisenberg.

La teoría de la relatividad general de Einstein, aunque revolucionaria, es una teoría clásica. Como toda teoría clásica, no tiene en cuenta el principio de incertidumbre.

Disponemos, en el momento actual, de dos teorías en cierto modo contradictorias. La primera es la teoría de la relatividad general, que es una teoría determinística, al afirmar que en todo momento se puede saber con exactitud la posición y la cantidad de movimiento de un cuerpo. La segunda, es la teoría de la mecánica cuántica, que es una teoría no determinística, en la que no se puede saber con precisión la posición y la cantidad de movimiento de una partícula. En esta teoría, la probabilidad estadística nos ayuda a acercarnos a la realidad experimental y a la contrastación empírica de los hechos.

Existen dos teorías.  La primera, a la que llamaré de lo Macro (la teoría de la relatividad general) o lo “muy pesado”, y la segunda, a la que denominaré de lo Micro (la teoría de la mecánica cuántica) o lo “muy pequeño”.

Según Hawking (2002) las dos teorías están contrastadas empíricamente, sin embargo, a la hora de explicar un agujero negro, que puede ser algo Macro (“muy pesado”, tanto como con el tamaño de una estrella) y que también puede ser algo Micro (“muy pequeño” tan pequeño como una partícula subatómica), no funcionan ninguna de las dos teorías. Así, nuestro vacío actual es encontrar una teoría de todo o una teoría unificada que incluya lo Macro y lo Micro, la gravedad, la relatividad, la mecánica cuántica y todas las demás interacciones de lo Micro y Macro, como los agujeros negros.

En la antigüedad, los vacíos no explicables eran considerados manifestaciones de la existencia de Dios (o Dioses en las mitologías). Todo vacío era explicado con el recurso a Dios. Tiene su lógica, ya que el ser humano siempre percibió la armonía de la naturaleza, la evolución de la vida y el equilibrio del firmamento. Todo lo anterior contribuye a una intuición de armonía universal. Por ello, los antiguos pensadores creían en un Dios que había diseñado el mundo de un modo inteligente que nosotros pudiéramos percibir.

La Ley causa-efecto nos dice que todo efecto tiene su causa y toda causa su efecto. La cuestión es que el orden natural está detrás de fenómenos complejos y aparentemente caóticos y nos resulta difícil identificar causas y efectos. La Teoría del Caos, precisamente, sostiene que existe un orden natural subyacente y que los fenómenos complejos no escapan a las relaciones causa-efecto. Llevado al extremo, todo el futuro sería predecible y todo el pasado sería susceptible de ser reconstruíble conforme a relaciones causa-efecto. Si esto es así, las leyes de la naturaleza darían lugar a un determinismo en la vida de los seres humanos. Esto quiere decir que nuestro futuro estaría ya determinado y que no tendríamos libertad para decidir nuestra propia vida. Los seres humanos no tendríamos “libre albedrío”. ¿Cuál sería entonces el sentido de la vida de los seres humanos?

Esta pérdida de “libre albedrío” la sostienen muchos científicos. Así, Stephen Hawking (2010) señala: “Es difícil imaginar cómo el libre albedrío puede operar si nuestra conducta está determinada por las leyes físicas, por lo que parece no somos más que máquinas biológicas y que el libre albedrío es sólo una ilusión”.

Hawking continúa explicando que necesitaríamos conocer el estado inicial de cada una de nuestras moléculas del cuerpo humano y resolver un gran número de ecuaciones para llegar a predecir un determinado resultado de una decisión. Tomaría billones de años decidir si esquivamos o no un ataque de otra persona, señala Hawking. Afortunadamente, nuestra máquina biológica se ocupa instintiva e instantáneamente de decidir por nosotros.

¿Por qué entonces percibimos el Orden Universal?

Si las leyes de la naturaleza poseen armonía, tal armonía podría ser un mensaje de un diseñador inteligente para que nosotros la descubramos. Así, Molinero (2012) ilustra con el siguiente texto: “Si en algún centro dedicado a la observación del firmamento se empezaran a recibir señales procedentes del espacio exterior y esas señales presentaran ciertos patrones de regularidad, algo que nos permitiera interpretarlas como una forma de lenguaje, automáticamente se pensaría que hay seres inteligentes por ahí fuera que tratan de comunicarse con nosotros. ¿Acaso las leyes de la naturaleza no se pueden interpretar de la misma manera?”.

Por otro lado, si las leyes de la naturaleza están realizadas con exactitud y precisión será por alguna razón. ¿Sería posible otra naturaleza más azarosa y menos determinística?

La experiencia y la observación proporcionan evidencias del orden universal. Cuanto más descubrimos y más entendemos, más nos acercamos a lo que Harari (2017) denomina Homo Deus. Queremos ser dioses a partir de perfeccionamientos de nuestro cuerpo-máquina y de nociones materialistas-evolutivas más o menos estilizadas a cerca del Universo.

Podría pensarse en que las leyes de la naturaleza son obra de una inteligencia superior y que por medio de tales leyes realiza el orden natural, universal y armónico. También es posible pensar que es la propia naturaleza la que encierra en sí misma esta armonía. En la antigüedad, los vacíos eran explicados con el recurso a Dios. Hoy, por el contrario, con los avances científicos, las visiones materialistas prescinden de la idea de Dios, con una mayor tendencia a pensar en la naturaleza como sustituto de Dios, que en Dios como ser superior creador y diseñador inteligente de la naturaleza. Sin embargo, este pensamiento se construye sobre la creencia de que seremos capaces de explicar todos los vacíos de nuestras teorías científicas para desentrañar todos los secretos de la naturaleza.

Es posible que nunca lleguemos a descubrir una teoría unificada o de todo.

Si llegáramos a descubrir una teoría científica unificada o de todo, y esta teoría fuera determinística, ¿dónde quedaría el libre albedrío?, ¿qué sentido tendría la vida de los seres humanos? Por el contrario, si llegáramos a descubrir una teoría que fuera no determinística, el libre albedrío sería posible y la propia libertad humana daría sentido a la vida. Llegados a este punto, expreso más simpatía por esta última teoría.

La visión optimista sobre nuestros conocimientos actuales y futuros no deja en cierto modo de ser una creencia o un acto de fe en las ciencias. Los que así piensan tienen fe en las explicaciones actuales respecto a los vacíos y en que se encontrarán en el futuro explicaciones científicas a los mismos. Sin embargo, a poco que reflexionemos concluiremos que son opciones de fe. Todas ellas muy respetables.

Referencias

Molinero, J.M. (2012): Últimas preguntas. Un ensayo sobre los límites de la razón y los fundamentos de la fe cristiana.

Hawking, S. (2002): La teoría del todo: El origen y el destino del universo.

Hawking, S. (2010): El Gran Diseño.

Harari, Y. (2016): Homo Deus.

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