Orígenes: los pensadores antiguos y los griegos

Orígenes: los pensadores antiguos y griegos

Pablo Coto Millán. Artículo sobre cómo la historia de la Economía, los pensadores antiguos y los filósofos griegos determinan la historia de la humanidad

Pablo Coto Millán. Director del Master de Comercio, Transportes y Comunicaciones Internacionales (Master TRANSCOM) de la Universidad de Cantabria.

Resumen

Los antiguos pensadores no concibieron enteramente la idea del mercado como mecanismo autorregulador, ni el cobro de interés por los préstamos de dinero, ni muchas otras cuestiones que contribuyeron al avance del análisis económico como saber científico, desde la “mano invisible” de Adam Smith, hasta los últimos avances en la teoría del equilibrio general competitivo. No obstante, aquellos primeros pensadores deberían hacernos reflexionar sobre la ciencia económica que hoy realizamos y la actividad económica que actualmente practicamos.

La Economía inició sus primeros pasos poco antes de la revolución del neolítico. Probablemente, después de la cooperación entre los diferentes grupos humanos a la hora de cazar y recolectar, pasaron a asentarse en territorios, a hacer economías más complejas sustentándose en el dominio de la naturaleza. Tras los primeros inicios de la revolución del neolítico, los asentamientos humanos que aparecieron en Mesopotamia, la actual Irak, llevaron a una mayor complejidad de los grupos humanos organizados en sociedad. Los humanos en Mesopotamia pasaron a cosechar cebada, a ordeñar cabras, y a tener unas organizaciones en ciudades con gobernantes y sacerdotes.

La complejidad económica de aquellos humanos criando animales, cultivando y obteniendo diferentes cosechas, hizo que produjeran excedentes agrícolas de alimentos (Coto-Millán (2019)). Tales excedentes de alimentos dieron lugar al intercambio de los mismos entre los diferentes individuos. Así se almacenaban, por distintos procedimientos, excedentes de la recolección y se anotaban en diferentes registros. Los registros de las entregas de los agricultores dieron lugar a un sistema muy primitivo de anotaciones contables de tipo numérico y acabaron dando lugar a la escritura.

Cuando las cantidades de cosecha excedentarias eran administradas por el gobierno de las primitivas organizaciones, las anotaciones eran realizadas por funcionarios encargados por los gobernantes en almacenar y, posteriormente, distribuir los excedentes agrícolas. Tales excedentes agrícolas proporcionaban una parte para los funcionarios administradores de los mismos. Así, nacieron también los primeros impuestos. Con tales impuestos, se acometieron las primeras grandes obras públicas. Se construían canales, se habilitaban muros de contención y se llevaba agua a los cultivos. También se construían templos y tumbas para los gobernantes o los reyes. Siglos a. C. las civilizaciones humanas, tanto en Egipto como en Mesopotamia, en la India como en China y tuvieron organizaciones sociales en las que este comportamiento y tipo de organización fue muy similar.

En la antigüedad, la Economía se basaba en la administración de los asuntos de la casa y del Estado. En la antigua Babilonia y en Siria existían enormes aparatos burocráticos y militares con un sistema jurídico. El Código Hammurabi, en el año 2000 a. C., quizás sea el primer gran volumen legislativo de la historia en el que se tratan cuestiones económicas desde el punto de vista de la justicia. En la antigua China, las enseñanzas de Confucio (Kung Fu-Tse, 551-478 a.C.) se referían a reformas sobre problemas económicos comerciales, financieros y agrícolas. También Mencio (Meng-Tsu, 372-287 a. C.) describe el amplio sistema de economía política en China con diferentes cuestiones relacionadas con la administración pública.

El sistema monetario, la banca, el crédito fueron abordados también anteriormente en la antigüedad en Egipto, Siria y Babilonia. También en los Libros Sagrados de Israel había partes jurídicas relativas a las cuestiones económicas y prácticas del Estado hebreo. No obstante, todas estas cuestiones económicas fueron tratadas de una manera rudimentaria y poco científica.

Los pensadores griegos

En Grecia, en el siglo IV a. C., algunos pensadores comenzaron a reflexionar sobre las cuestiones económicas más relevantes. Es el caso de algunos autores tales como Jenofonte (Grecia, 431 -354 a. C.), quien en su tratado Oekonomicus (Económico en Jenofonte (1993)), trataba de instruir sobre la eficiencia y el liderazgo. En realidad, Jenofonte era un militar que se aproximaba a la Economía como soldado y discípulo de Sócrates. Este tratado es un diálogo socrático con el método mayeútico, a través del cual el interlocutor del diálogo es interpelado para que descubra por sí mismo las verdades. En este tratado relata cómo había de ser la organización y administración adecuada, tanto de cuestiones de naturaleza pública, como privada;  en la economía doméstica, y en la agricultura. El aprovisionamiento militar y la logística en las campañas de guerra eran descritas en su tratado Anábasis o Expedición de los diez mil con sumo detalle (Jenofonte (2001)). En otro texto, el mismo autor se concentró en la revitalización económica de Atenas en el siglo cuarto a. C. Este texto se titulaba La República de los atenienses (Jenofonte/Pseuo-Jenofonte (1984)). La creencia de Jenofonte era que el buen liderazgo era la clave para la buena administración. Este mismo autor buscaba el concepto de valor, así como el de riqueza y propiedad. De este modo Jenofonte, refiriéndose al valor de las cosas, señaló cómo una misma cosa puede ser bien o mal. Puede ser un bien si reporta utilidad, y un mal si produce dolor.

Platón

Platón (Atenas, 427 – 347 a. C.) se interesó especialmente en buscar la relación óptima entre Economía y gobierno. La ciudad como unidad o Estado debería de especializarse y realizar la división del trabajo. Para Platón, las fuentes de la riqueza, de la eficiencia, y de la productividad estaban en la especialización y la división del trabajo.

El Estado ideal de Platón según el texto de La República (Platón (2013)) se fundamentaba en la administración con sabiduría en el gobierno. Así, los filósofos deberían de ser los gobernantes del Estado ideal. Mientras que los soldados deberían de hacer de guardianes. Las ideas de Platón eran muy racionalistas y poco democráticas. Para Platón la autoridad debía ser impuesta para conseguir un Estado ideal;  la propiedad privada debía ser abolida; los niños educados sin sus padres en escuelas del Estado y cada uno debía cumplir con su función para el Estado, ya fuera filósofo, soldado, comerciante, artesano, agricultor o esclavo.

Posteriormente, un seguidor importante de Platón fue Protágoras (Grecia, 485 -411 a. C.). Este filósofo sostenía que no existía la verdad objetiva. Así, desarrolla una teoría de la subjetividad para el bienestar social y respecto a cómo conseguir tal bienestar social. Protágoras, a diferencia de Platón, creía en la participación social en la toma de decisiones. De este modo, concluía en que son las interacciones entre los humanos y la naturaleza las que van construyendo un cierto subjetivismo y, en alguna medida, el individualismo. Así, señala Protágoras: “Cada uno de nosotros es la medida de las cosas que son y de las cosas que no son. Sin embargo, existe una inmensa diferencia entre un hombre y otro, precisamente en este aspecto: las cosas que son y le parecen a un hombre diferentes de las que son y le parecen al otro”. Muchos autores consideran a Protágoras un precursor de la teoría objetiva del valor trabajo y de las ideas del individualismo subjetivo. Es curioso como Protágoras a la hora de acercarse a la teoría del valor buscara en el trabajo una medida del valor.

Aristóteles

Aristóteles (Grecia, 384– 322 a. C.), discípulo de Platón, es más importante en la Teoría Económica moderna. Continuó con las ideas del subjetivismo de Protágoras y comenzó a analizar el intercambio entre individuos a diferencia del intercambio del mercado. El modelo aristotélico del intercambio aislado es esencialmente el que se produce entre dos individuos o dos partes que intercambian de acuerdo con sus preferencias subjetivas sin considerar, en absoluto, el mercado. Sin embargo, el intercambio en el mercado tiene lugar cuando existe un gran número de participantes y todos ellos están informados. Para Aristóteles en su obra la Política (Aristóteles (2015)), en el intercambio aislado no existe un precio de mercado, sino un acuerdo. Cuando los intercambios se producen solo entre dos individuos, para Aristóteles hace falta un árbitro o un juez. En cambio, cuando los intercambios se realizan entre numerosas personas y participantes, se acaba determinando el propio precio de mercado. Aunque si así no fuera, entonces la justicia habría de resolver de nuevo con un juez el precio justo. También Aristóteles estuvo interesado en el Estado ideal al igual que Platón (Aristóteles (2019)). Sin embargo, a diferencia de Platón, Aristóteles defendió la propiedad privada para todas las clases. El intercambio para Aristóteles generaba un aumento del bienestar entre los individuos que realizaban tal intercambio. Aristóteles se ocupó de la teoría del valor. Aristóteles decía: “una cosa es más deseable sí, cuando se añade un bien inferior, hace que el conjunto se convierta en un bien mayor. Asimismo, también debes juzgar por medio de la sustracción: porque la cosa cuya sustracción hace que el resto se convierta en un bien inferior debe considerarse como un bien mayor, independientemente de la razón por la que dicha sustracción convierta al resto en un bien inferior” (Ekelund y Hebert (2008)).

Con respecto a la teoría del valor, Aristóteles señaló: “lo que es raro es que un mayor bien sea abundante. Así, el oro es una cosa mejor que el hierro, aunque menos útil: es difícil de obtener, y por tanto su posesión tiene más valor “. En otro texto señalaba: “lo que es a menudo útil supera a lo que es raramente útil“.

Aristóteles también se ocupó del dinero y el interés. Para Aristóteles, el dinero es el patrón de valor y medio de cambio. También el dinero podría ser utilizado como un depósito de valor. Así decía: “si en la actualidad no necesitamos nada, la moneda es para nosotros como el garante de que podremos tener lo que necesitamos, porque el que lleva el dinero debe poder adquirir“. Aristóteles defendía la moneda como medio de intercambio, como depósito de valor, pero no admitía que la tenencia de moneda por sí misma pudiera generar riqueza. La moneda habría de servir para intercambiar bienes. La moneda acuñada permitía, pues, el intercambio, pero no debía de ser un mecanismo para la acumulación de riqueza. La acumulación de riqueza lleva el mal en sí mismo según Aristóteles, puesto que corre el riesgo de empobrecer a muchos para beneficiar a unos pocos. Por eso, Aristóteles condenaba que se cobrara interés por prestar dinero. El uso natural del dinero según Aristóteles era gastar. La acumulación del dinero habría de ser condenada. Para Aristóteles, los préstamos que cobraban interés eran sospechosos; no eran otra cosa que usura. No era natural que el dinero produjera dinero. Nunca comprendió porque se paga un interés por prestar dinero.

Reflexiones finales

Para las antiguas civilizaciones de Mesopotamia (hoy Irak y la zona limítrofe del norte-este de Siria), Egipto, India y China, la Economía no se separaba de lo social y lo político, de la buena administración, de la búsqueda de un cierto Estado ideal y del bienestar de los ciudadanos. Para los antiguos griegos que hemos mencionado anteriormente: Jenofonte, Platón, Protágoras y Aristóteles, la Economía se desenvolvía en un marco de análisis antropocéntrico y administrativo. Percibieron los valores subjetivos, la ciencia social que había en la Economía, los valores microeconómicos de las unidades básicas de consumo (las familias) y de producción (las empresas); los valores macroeconómicos del bienestar y la autosuficiencia del colectivo de su ciudad-Estado.  No concibieron enteramente la idea del mercado como mecanismo autorregulador, ni el cobro de interés por los préstamos de dinero, ni muchas otras cuestiones que contribuyeron al avance del análisis económico como saber científico, desde la “mano invisible” de Adam Smith, hasta los últimos avances en la teoría del equilibrio general competitivo. No obstante, aquellos primeros pensadores y sus preocupaciones deberían hacernos reflexionar sobre la ciencia económica Economía que hoy realizamos y la actividad económica que actualmente practicamos.

Referencias

Aristóteles (2019): Ética a Nicómaco-Ética a Eudemo. Gredos.

Coto-Millán, P. (2019): “El origen del “Homo Economicus”. www.pablocoto.com

Ekelund, R.B. y Hebert, R.F. (2008): Historia de la Teoría Económica y de su Método. Ariel.

Jenofonte (1993): Recuerdos de Sócrates; Económico; Banquete; Apología de Sócrates. Gredos.

Jenofonte (2001): Anábasis. Gredos.

Jenofonte/Pseudo Jenofonte (1984): Obras menores/La República de los atenienses. Gredos.

Platón (2013): La República. Alianza Editorial.

Schumpeter, J. A (. 2012): Historia del Análisis Económico. Ariel.

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