Orígenes: la Escolástica

Orígenes: la Escolástica

Pablo Coto Millán. Artículo sobre los nuevos instrumentos financieros y contratos de cambio de moneda en la Escolástica

Pablo Coto Millán. Director del Master de Comercio, Transportes y Comunicaciones Internacionales (Master TRANSCOM) de la Universidad de Cantabria.

Resumen

La Escolástica de la Iglesia medieval realizó su propio análisis económico desde una perspectiva ética, aunque hoy no suele tener mucha consideración debido a que la ética, en sentido amplio, ha sido sustituida por la ética profesional. El antecedente que tomaron los escolásticos fue Aristóteles, del que recogieron sus explicaciones del origen del comercio entre individuos y naciones, del dinero y  de la propiedad privada. No obstante, sus ideas respecto al precio justo de las cosas, el interés y el dinero son interesantes. La prohibición del cobro de intereses en los préstamos se fue salvando en diferentes periodos de tiempo con formas legitimadas de percepción de intereses. Así, en la época de la Escolástica se fueron creando nuevos instrumentos financieros de riesgo compartido y contratos de cambio de moneda más altos de lo habitual para, subrepticiamente, cobrar intereses. Existía, pues, un doble patrón legal y moral arbitrario que favoreció a quienes imponían las reglas de uno u otro tipo. Este comportamiento tuvo repercusiones en la historia de la humanidad.

Iglesia y feudalismo

En la China medieval y en los reinos de Europa, los monarcas poseían toda la propiedad de la tierra a la que se consideraba la principal fuente de riqueza. El feudalismo era el modo de organización económica de la Edad Media. En la China imperial, las riquezas y el prestigio se asignaban a los burócratas o administradores del emperador. Se realizaban exámenes de caligrafía y de conocimientos de la filosofía de Confucio, entre otros temas, y los que los superaban eran nombrados administradores de alto rango en el imperio. El poder de estos funcionarios era elevado, pero los sueldos muy bajos. EL funcionario del emperador, normalmente, había contraído deudas con protectores para preparar sus oposiciones y dado que recibía bajos estipendios, caía en prácticas corruptas. Los incentivos para llevar a cabo iniciativas comerciales y empresariales eran escasos. Aunque en la antigua China medieval se inventó el papel, la imprenta, la seda, la pólvora, y un sinfín de innovaciones financieras como la letra de cambio, sin embargo, el valor más prestigioso en aquella sociedad era ser funcionario del emperador, lo cual, además de corrupción, impedía las innovaciones y el espíritu emprendedor.

En los reinos europeos, la propiedad de la tierra le proporcionaba al monarca la facultad de asignarla a los nobles y señores feudales según criterios arbitrarios. Los nobles y señores feudales asignaban a su vez, en arriendo, sus grandes parcelas a los campesinos o vasallos. La propiedad, no obstante, era privativa del rey, y los nobles debían cumplir con deberes militares, personales y económicos. Lo mismo hacían los nobles con sus vasallos. Este sistema jerárquico basaba su funcionamiento en el rango y no en el contrato social. En aquella sociedad ser noble o señor era la actividad más prestigiosa a la que se podía aspirar.

Los feudos estaban generalmente muy dispersos y sus economías solían ser de autosuficiencia o subsistencia, de modo que no se favorecía el comercio. Los individuos eran campesinos, guerreros o clérigos. Las actividades belicosas permitían obtener nobleza, riqueza y poder. Por ello, esta era la actividad de prestigio social. Las luchas y conspiraciones entre nobles eran habituales para conseguir un objetivo económico. La primogenitura daba todos los derechos al primer hijo varón y los hijos menores se dedicaban a la clerecía. Los clérigos eran también los pensadores con actividades de generación y salvaguarda del conocimiento. La clerecía gozaba de prestigio y estaba conformada por eruditos llamados escolásticos. Estos clérigos recopilaron los conocimientos de la Biblia y de los antiguos pensadores griegos y romanos.

El método escolástico sustituye al método patrístico en la búsqueda de la verdad y la sabiduría, en donde residía, a su entender, el bien perfecto. El objetivo del método patrístico era la interpretación de las escrituras para encontrar la voluntad de Dios. Sin embargo, en el método escolástico se interpretaba también a la naturaleza, además de las escrituras, pues todo eran signos que había que entender para llegar al conocimiento de Dios. El saber natural pasa a ser relevante, aunque ligado a la fe. Los métodos ya no eran solo deductivos, sino también inductivos, experimentales y dialécticos. En las escuelas catedralicias se exponía un tema a dilucidar con una exposición amplia y detallada. Se iniciaba entre los presentes un proceso de discusión, refutación y reinterpretación. En definitiva, se iniciaba una dialéctica. De esa dialéctica se producía documentación y, finalmente, se emitía un juicio por la autoridad. Las escuelas catedralicias coexisten con otras escuelas laicas profesionales para formar a los hijos de los comerciantes y artesanos. Surgieron también escuelas de gramática (Córdoba), de traductores (Toledo), de juristas (Languedoc), de dictámenes (Oxford y Bolonia), y una de las instituciones más importantes que llega hasta nuestros días: la Universidad. En el siglo XII el papa Clemente III institucionaliza los beneficios eclesiásticos a través de bulas a los clérigos estudiantes que buscaban ciencia, conocimientos y títulos académicos. En el siglo XIII, en el IV Concilio de Letrán, se recomendaban a las catedrales que tuvieran medios para la enseñanza de gramática y teología. Incluso Honorio III recomienda por decreto que se enviara a los jóvenes clérigos a estudiar durante cinco años a los centros oficiales del saber: Salamanca, Bolonia, Paris y Oxford. Estos son los antecedentes claros de la Universidad, aunque hasta el siglo XV se denominó Studium generale. El pensamiento crítico del universitario se orientaba a que cada persona, con su “libre albedrío”, fuera protagonista de su destino temporal mientras viva y eterno después de su muerte. Cinco asignaturas fundamentales habrían de fundamentar el propósito del pensamiento crítico orientado a suscitar la subjetividad incipiente en cada individuo:

  • La liberalidad lectora
  • El arte de la dialéctica
  • El uso de la escritura
  • La actualización de la memoria
  • El principio de la acción

Además de tres principios prácticos para el estudio:

  • Necesidad de selección
  • Practicismo
  • Criterio

Ante numerosos caminos del conocimiento hay que seleccionar, acotar y no dispersarse.

El sentido práctico y funcional del conocimiento recomienda que no hay que saberlo todo, sino lo que resulta útil y estrictamente necesario para seguir avanzando.

El criterio es necesario para la búsqueda del conocimiento y el criterio unificador de la verdad fue la fe cristiana.

Una dialéctica universitaria que suscitó posiciones diferentes fue la interpretación del averroísmo y aristotelismo respecto al cobro de intereses. La influencia de Aristóteles con sus ideas sobre el cobro de intereses en la Escolástica fue determinante. La cuestión de los préstamos con interés constituía una cuestión moral para la Escolástica. La Iglesia Católica Romana condenó oficialmente el cobro de intereses para los préstamos entre clérigos, en el siglo IV, en el Concilio de Nicea. Esta condena se extendió durante el Imperio de Carlomagno a todos los cristianos. Sin embargo, existían razones para justificar los préstamos con interés como las siguientes:

  • damnun emergens
  • periculum sortis
  • mora
  • lucrum cesans

La razón del damnum emergens es cobro de intereses para cubrir la reparación del daño emergente sufrido.

La razón del periculum sortis es el cobro de intereses para compensar las posibles insolvencias y no pago del acreedor.

La razón de mora es el cobro de intereses por los retrasos en el pago del préstamo.

La razón del lucrum cesans, es el cobro de intereses para cubrir la pérdida de ganancia legítima que se deriva de la no disponibilidad del dinero prestado.

Como se puede observar, existe una relación de estas razones escolásticas para justificar el cobro de intereses con la moderna teoría del interés.

No obstante, los contratos de naturaleza romana como las societas o sociedades con beneficios de naturaleza comercial, estaban permitidos. Con lo cual, se podían emplear dobles contratos de venta para encubrir los préstamos. Por ejemplo, A necesita 25 monedas de oro y en vez de pedir prestado compra trigo a B por valor de 30 monedas de oro mediante un pagaré de compromiso de pago de 30 monedas de oro en el futuro. Luego A le vende a B el trigo que le he comprado por 25 monedas de oro. B se queda con el trigo y con el pagaré de la deuda de 30 y A recibe 25 monedas de oro. Es una doble venta en la que el trigo cambia de valor y de ahí se genera una ganancia para el mercader-prestamista de 5 monedas de oro. Estos ingresos se consideraban fruto del esfuerzo y el riesgo y no eran considerabas como prácticas de cobro de intereses por préstamos. Esto es muy similar a la mohatra o barata empleada por los judíos.

Los census eran también otra herramienta financiera parecida a la de la hipoteca y la renta vitalicia. El prestamista otorgaba un préstamo para que el prestatario comprara una tierra o una casa, después el prestatario pagaba una renta vitalicia que se consideraba como un rendimiento anual de la propiedad rentable. El census se consideraba como una participación en el rendimiento de la propiedad y no se consideraba práctica de cobro de intereses.

La prohibición del cobro de intereses en los préstamos se fue salvando en diferentes periodos de tiempo con formas legitimadas de percepción de intereses como nuevos instrumentos financieros de riesgo compartido, o a través de cambios de moneda más altos de lo habitual. Todo ello generó un doble patrón legal y moral arbitrario que favoreció a quienes imponían las reglas de uno u otro tipo.

Análisis económico de la Escolástica

La Escolástica era guardiana de los conocimientos y también del código ético de la sociedad feudal. El texto de Aristóteles sobre el intercambio de mercancías fue probablemente mutilado desde el inicio (Ekelund y Hebert (2008)) y los escolásticos han tratado de descifrar su significado cerca de cuatrocientos años. Sin embargo, los escolásticos se quedaron con la idea de valor y añadieron la noción de equilibrio. Esto es, que el valor está determinado por el coste, por un lado, y por la demanda, por otro. Llegaron al precio justo de un bien utilizando el criterio de estimación común o voluntad de pago, algo parecido a la disposición a pagar por un bien que se maneja siglos después en la teoría de la utilidad. Por otro lado, de forma subsidiaria, añadieron que el valor de una cosa también debía ser su coste de producción. Dos criterios que parecen similares a lo que siglos después se llamará “condiciones de competencia”. Aunque no de una forma muy precisa como lo haría Adam Smith.

Santo Tomás de Aquino (Italia, 1225-1274) es el principal representante de la Escuela Escolástica. Fue discípulo de Alberto Magno (Alemania, 1206-1280). Sin embargo, mientras que Alberto el Magno defendía que el coste de producción era el verdadero valor de un bien, Santo Tomás de Aquino asignó la utilidad a los bienes conforme a un orden natural en la creación del mundo por Dios. No podía ser de otro modo, ya que las verdades teológicas para él estaban por encima de las racionales. También consideró el valor de cambio y su distinción del valor de uso como Aristóteles. Añadió, además, la noción de necesidad de un bien. Así, cuanto más necesario era un bien, mayor valor tendría. En realidad, puede decirse que Santo Tomás de Aquino criticaba y denunciaba el precio que surgía en el mercado por injusto. La concepción de Santo Tomás de Aquino de precio justo, era normativa y no objetiva, como lo es el precio de mercado actualmente. Le interesaba más la justicia del intercambio que el precio de mercado.

Reflexiones finales

Desde los pensadores griegos de la antigüedad hasta el final de la Edad Media, con casi dos mil años, la estructura social y económica varió relativamente poco. Se desarrollaron economías pequeñas y autosuficientes. Es cierto que los imperios griego, romano y musulmán tuvieron sus épocas de florecimiento comercial importante. Sin embargo, sus declives coincidieron con la vuelta a economías de subsistencia. El vasallaje feudal de toda la Edad Media no era igual a la esclavitud de los imperios griegos y romanos, pues los vasallos no eran propiedad de los señores. No obstante, los vasallos estaban ligados a la tierra de por vida.

Las ideas de Aristóteles tuvieron mucha influencia en numerosos ámbitos y en la Economía no podía ser de otro modo. Aunque ni Aristóteles ni los escolásticos percibieron la noción de precio de mercado pues estaban más interesados en un “precio justo” normativo y no objetivo.

Referencias

Grice-Hutchinson, M. (1982): El pensamiento económico en España (1177-1740). Editorial Crítica.

Ekelund, R.B. y Hebert, R.F. (2008): Historia de la Teoría Económica y de su Método. Ariel.

Schumpeter, J. A. (2012): Historia del Análisis Económico. Ariel. Economía.

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