El origen del “Homo Economicus”

Origen del Homo Economicus

Pablo Coto Millán. Artículo sobre el origen del Homo Economicus, que busca la eficiencia con menor trabajo

Pablo Coto Millán. Director del Master de Comercio, Transportes y Comunicaciones Internacionales (Master TRANSCOM) de la Universidad de Cantabria.

En la película de 2001: Odisea en el Espacio, ante la presencia del monolito, una suerte de primate antecesor del “Homo sapiens” tiene un chispazo cognitivo. Tal chispazo surge al descubrir que puede utilizar un hueso de un animal como un arma de guerra y eso le confiere una ventaja frente a otro primate rival. Nada más lejos de la realidad. Si observamos a los primates hoy desde los gorilas hasta los chimpancés, orangutanes y bonobos, utilizan herramientas para alcanzar la comida de los árboles, para extraer hormigas, incluso para arrojarlas contra un posible agresor. Luego el chispazo del conocimiento o el tránsito a la consciencia no está ahí. Aquellos antecesores ya cazaban con herramientas y cooperando en grupos.
Los primeros restos aparecidos del simio más semejante al hombre que conocemos es el “Australopithecus” . Había diferentes subespecies pero eran muy parecidos. Tenían un cuerpo y cabeza pequeños. Un individuo medio de 1,25 m. de altura y un peso de entre 25 y 30 kg. de fuerte mandíbula.
El “Australopithecus” se alimentaba de semillas y frutos secos. Aunque a veces comía animales que cazaba. Cooperaban uniéndose en grupo para cazar y cogían piedras y palos como armas. También descubrieron la eficiencia de recolectar frutos de la naturaleza en grupo. Cazar, pescar y recolectar cooperando con eficiencia es el primer gran chispazo. O si se quiere la cooperación con eficiencia es la gran revelación para nuestro antecesor. Estos antecesores nuestros fueron capaces de crear instrumentos golpeando una piedra con otra. Las primeras lascas surgieron con ellos.
En mi opinión la revelación que tuvo el primer antecesor del “Homo sapiens” conocido como el “Australopithecus” fue conocer la forma de cooperar eficientemente con otros individuos para recolectar y cazar.

La división del trabajo en la evolución humana

El siguiente paso en la evolución seguramente fue la división del trabajo. Ésta probablemente se iniciaría cuando estos cazadores-recolectores consiguieron fabricar pequeñas herramientas. El desarrollo de la cooperación entre individuos para la caza, la pesca y la recolección dio lugar a la división del trabajo. Así algunos individuos se dedicaron a fabricar herramientas, dado que tales herramientas resultaron extremadamente útiles. Así nace el hombre hábil, “Homo habilis” . Todo esto ocurrió hace unos cuatro millones de años. Los “Homo habilis” eran  los descendientes más evolucionados de los Australopithecus.  No sólo hacían lascas sacadas al golpear las piedras sino que daban formas a los guijarros y hacen raspadores de piedras.
Las herramientas dieron seguridad a los homínidos se expandieron en torno al Mediterráneo y en Asia.  Hace un millón y medio de años una nueva especie surge en la tierra el “Homo erectus”. No solo andaban erguidos más tiempo sino que eran más sociables, cooperativos e incluso solidarios. Habían aprendido a hacer fuego. Vivían en cavernas o construían cabañas con ramas y pieles. El territorio también lo dividían en zonas para para almacenar la comida o para almacenar útiles. O bien en zonas para cocinar y otras para hacer hacer herramientas. De nuevo la división del trabajo y con ella la reserva de espacios por funciones. Tenían un lenguaje muy rudimentario y unas reglas o normas muy elementales.
El sucesor del “Homo erectus” fue el “Homo sapiens” que inició su existencia hace menos de cien mil años. Del “Homo sapiens” se conocen dos ramas: el “hombre de Cromagnon” y el de “Neanderthal”.
El “hombre de Cromagnon” se parece más al hombre actual. Este hombre vivía en unas primeras sociedades muy igualitarias en la repartición del trabajo y tareas, así como en los correspondientes a sus frutos. Sociedades más cooperativas que las anteriores.
En el relato bíblico de Adan y Eva en el paraíso vivían sin esfuerzo recolectando los frutos que la naturaleza les ofrecía. Cuando la serpiente hace que Eva y Adán sucumban a la tentación y coman del fruto prohibido fueron expulsados del Paraíso. Fueron castigados a ganarse su sustento con esfuerzo y trabajo. Al margen de otras posibles interpretaciones el árbol del fruto prohibido es el conocimiento -hoy le llamamos el árbol de la ciencia- y conlleva la pérdida de inocencia. En realidad la historia bíblica es un mito que puede referirse a la época en la que los cazadores-recolectores vagaban por el mundo en grupos con menor número de reglas de convivencia y en una supuesta mayor libertad. Simplemente cuando un individuo o varios nos estaban de acuerdo con el resto del grupo lo abandonaban y cada uno seguía su camino.

Homo Economicus y la búsqueda de la eficiencia

El chispazo cognitivo acontece, en mi opinión, cuando los grupos deciden asentarse en un lugar y buscar la forma de no agotar con intensas recolecciones y exceso de caza los recursos que les ofrece la naturaleza. Hay una razón fundamental para este primer chispazo: por primera vez fueron conscientes de la eficiencia. Esto es, cuando los grupos de individuos descubren que si les gusta el lugar en el que están asentados no pueden agotar sus recursos y deben de seguir una serie de reglas. Ahí está en mi opinión el origen del “Homo Economicus”, no en el invento racionalista de un hombre como máquina de calcular costes y beneficios. Cuando nos referimos en Economía al “Homo Economicus” aludimos al concepto utilizado en la escuela neoclásica para modelizar el comportamiento humano. En esta representación teórica el “Homo sapiens” se comportaría de forma racional ante estímulos económicos siendo capaz de procesar adecuadamente la información que conoce, y actuar en consecuencia.
El término “Homo economicus” probablemente fue utilizado en el siglo XIX por los críticos de la obra de John Stuart Mill sobre economía política. Mill cuando se refería a la Economía Política decía que no trataba la totalidad de la naturaleza del hombre, modificada por el estado social, ni de toda la conducta del hombre en sociedad. Se refería a él sólo como un ser que deseaba poseer riqueza, y que era capaz de comparar la eficiencia de los medios para la obtención de ese fin. Mill se centra pues en la eficiencia. Más adelante, en el mismo trabajo, Mill escribe que lo que él propone como “Homo Economicus” es: “Una definición arbitraria del hombre como un ser que, inevitablemente, hace aquello con lo cual puede obtener la mayor cantidad de cosas necesarias, comodidades y lujos, con la menor cantidad de trabajo y abnegación física con las que éstas se pueden obtener”. Se refería Mill a lo que hoy conocemos como eficiencia técnica. Aunque el término se usó en el siglo XIX, se asocia a menudo con las ideas de pensadores del siglo XVIII como Adam Smith y David Ricardo.
Con el concepto de Mill de “Homo Economicus” los economistas de finales del siglo XIX construyeron modelos matemáticos. En el siglo XX, el término «Homo economicus» se identificó para describir a una persona que actúa racionalmente teniendo conocimiento completo de su propio interés y deseo de riqueza.
Defenderé aquí que el “Homo Economicus” nace cuando el “Homo habilis” o quizá el “Homo erectus” descubre el concepto de eficiencia. Probablemente cuando estos antecedentes del “Homo sapiens”, a partir de la observación de la naturaleza, descubren la división del trabajo y en definitiva la cooperación a la hora de cazar y recolectar pasan a hacerse “Homo sapiens”. Podríamos denominarlo el primer chispazo de la eficiencia.
Más adelante surgen dos nuevos chispazos. El orden no está claro. Pudo ser el primero cuando el hombre domestica animales y, el segundo cuando empieza a sembrar y recolectar o viceversa. Incluso pudieron darse ambos chispazos simultáneamente. Lo que si parece lógico pensar es que los tres chispazos no pudieron ser todos simultáneos ya que la transición del primero a cualquiera de los otros dos requiere tiempo de observación y experimentación.
Podríamos complementar a la motivación de cooperación para ganar eficiencia otras razones como el apego a otros miembros del grupo que tienen más dificultades para trasladarse como niños, viejos y enfermos.
Unos grupos humanos dejan el paraíso de la recolección y la caza y se asientan en un territorio. ¿Ha perdido ese grupo de humanos su libertad? ¿Eran realmente tan libres cuando iban de un lugar a otro cazando y recolectando?. Probablemente, los individuos fueran más libres individualmente en el paraíso recolector-cazador. Al fin y al cabo siempre podían dejar el grupo ante un conflicto. O quizá la libertad nace en sociedades sedentarias cuando nos preocupamos más por los demás.
La idea de que los individuos dejamos de ser libres cuando pasamos de ser nómadas cazadoras-recolectores a ser sedentarios agricultores y ganaderos es discutible. Ese paso se hace porque pasamos a ser más cooperativos, más eficientes y más humanos, en el sentido de preocuparnos por los demás con más intensidad. La eficiencia nace de la cooperación. Y, de esta cooperación la preocupación por los demás humanos. Esa idea hay que desarrollarla adecuadamente pues a partir de la cooperación de los grupos humanos van naciendo las ciencias al observar la naturaleza y domesticar animales y semillas, recolectar sus frutos, distribuirlos entre los individuos y almacenarlos, en caso de excedente.
En definitiva nace la idea de administrar los recursos producidos y  nacen las ciencias. El descubrimiento del árbol de la ciencia, la pérdida de la inocencia y la expulsión del paraíso de recolectores-cazadores ha dado lugar a la vida en sociedad tal y como hoy la conocemos.

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