La industria de la felicidad

La industria de la felicidad

Pablo Coto Millán. Artículo sobre la industria de la felicidad y la condición humana

Pablo Coto Millán. Director del Master de Comercio, Transportes y Comunicaciones Internacionales (Master TRANSCOM) de la Universidad de Cantabria

Vivimos una época en la que se estigmatiza al que no es feliz.  Un tiempo en el que existe una gran industria de la felicidad y del pensamiento positivo, con un valor estimado de US $ 11 mil millones al año, según datos de Euba (2019). Esta industria de la felicidad ha creado la ilusión de que la felicidad es un objetivo realista a perseguir por las personas. Perseguir el sueño de la felicidad, “la búsqueda de la felicidad” ha ayudado a crear unas expectativas en el género humano que generan una gran frustración. Argüiré con algo de historia de la humanidad y lo ilustraré con un hipotético diálogo entre un maestro y su discípulo.

Al principio de la humanidad las necesidades fisiológicas y biológicas eran las primordiales en todo ser humano. ¡Era lógico! Se hacía necesario subsistir en un medio natural difícil de caza y recolección. Con el tiempo, la aparición de la agricultura y las herramientas hubo un salto cuántico a unas necesidades de espiritualidad que fueron subyugadas bajo las religiones en un oscurantismo medieval científico y en una sustitución de las necesidades fisiológicas por las no terrenales. Con la llegada de la revolución industrial la humanidad fue dando un salto cuántico hacia necesidades emocionales. Hoy descubrimos nuevas teorías sobre las necesidades humanas.  Aplicadas estas teorías al comportamiento humano nadie debería de presumir ni de dejarse llevar por uno u otro tipo de necesidades y olvidar el resto pues todas hacen la unicidad de la felicidad. 

Lo ilustraré a modo de diálogo: El aprendiz le pregunta al maestro: ¿Qué es la felicidad?
El maestro le responde: Reflexiona y descubre con tu pensamiento algunas cuestiones de interés sobre la utilidad y la necesidad de las cosas. El aprendiz después de mucho reflexionar le dice al maestro: La felicidad reside en satisfacer las necesidades fisiológicas. El maestro dice: Reflexiona más. No somos meros animales. El aprendiz reflexiona días y por fin le responde: La felicidad reside en seguir el dictado de nuestras emociones como las proporcionadas por el amor, la amistad y la generosidad.

El maestro enojado mira al aprendiz y replica: ¿Sólo existen emociones positivas? ¿Y qué ocurre con el odio, la enemistad y el egoísmo?

El aprendiz pasa semanas meditando y por fin le dice al maestro: ¡Lo he encontrado! La felicidad reside en descubrir el conocimiento racional y a partir de él los fundamentos que han de regir nuestra vida. 

El maestro esboza una sonrisa y le dice al aprendiz: ¡Reflexiona más y vuelve cuando hayas encontrado la respuesta!

Un año y cuatro meses después el aprendiz volvió y le dijo al maestro: La respuesta está en la unicidad de todo. Las necesidades fisiológicas, las emociones y el conocimiento racional proporcionan una realidad única de nuestra existencia que nos permiten trascender hacia las necesidades superiores, ser nosotros mismos plenamente y encontrar la felicidad y el sentido de nuestra existencia.

El maestro sonrió complacido y feliz.

Con el relato anterior he querido transmitir la idea de que incluso cuando se satisfagan todas nuestras necesidades materiales y biológicas, un estado de felicidad sostenida seguirá siendo un objetivo teórico y difícil de alcanzar.

La felicidad en realidad es una mera idea humana, una idea abstracta sin equivalente en la experiencia humana real. Los afectos positivos y negativos de los humanos residen en el cerebro, pero la felicidad sostenida sería una estupidez. No tiene ninguna base biológica. La naturaleza y la evolución nos hacen sobrevivir y reproducirnos, como cualquier otra criatura en el mundo animal. La naturaleza aconseja estar alerta ante las amenazas y un estado de satisfacción bajaría la guardia y pondría en peligro nuestra supervivencia.

A veces decimos que la felicidad es cosa de química. Es cierto que las sustancias químicas alteran la mente. Tal alteración exógena puede que a veces sea algo bueno. Sin embargo, en general habida cuenta que la felicidad no está relacionada con un patrón funcional cerebral determinado, no es posible replicarlo químicamente.

En el relato del maestro y el discípulo he tratado de comunicar que nuestras emociones no son una buena guía. Las emociones negativas se concentran más en el hemisferio derecho, mientras que las emociones positivas se concentran más en el hemisferio izquierdo. Las emociones son caóticas, en nuestras redes neuronales, sus conexiones son mixtas, impuras, enredadas y contradictorias. En definitiva, nuestras emociones son complejas como todo lo demás en nuestras vidas.

Conocernos a nosotros mismos como objetivo y ser generoso con los demás no es postular que no existe la felicidad, es simplemente reconocer que lo que realmente existe a nuestro alrededor es mucha infelicidad. Esta infelicidad es consecuencia de nuestro propio diseño como humanos y por ello los mensajes que recibimos de la industria de la felicidad y de las preconcepciones que tal industria genera en nuestro cerebro grandes frustraciones. Preconcepciones del tipo: “Debes tener más propiedades inmobiliarias”, “Debes tener más coches”, “Debes comprar más ropa”, etc. Estas preconcepciones hacen que se identifique felicidad con disponer de cosas. No es así, como hemos visto en el caso del maestro y el discípulo.

La felicidad no es satisfacción de necesidades fisiológicas, ni es responder al dictado de nuestras emociones, tampoco es ser tan racional que se te olvide tu condición humana. Los momentos felices son gotas en el océano del tiempo humano. Estar insatisfecho y no ser feliz, aunque puede parecer un mensaje negativo, es lo más probable que nos ocurra dada nuestra naturaleza humana.

Referencias

Euba, R.  (2019): “Humans aren´t designed to be happy – so stop trying”. The Conversation. King´s College London (theconversation.com). (19-07-2019).

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